PLASTICITY: el primer estudio de su tipo - psilocibina y envejecimiento
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Lo que un estudio de Berkeley sobre psilocibina y envejecimiento nos enseña del reino fungi
El contexto: una pregunta que casi nadie había hecho
A medida que la población mundial envejece, el deterioro cognitivo y las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer se vuelven cada vez más frecuentes, con consecuencias profundas para las personas, sus familias y los sistemas de salud. Frente a este escenario, la ciencia busca con urgencia nuevas estrategias para que las personas mayores envejezcan con una mente activa y conectada.
Curiosamente, la investigación sobre psicodélicos —uno de los campos científicos más dinámicos de la última década— casi no le había prestado atención a esta población. Una revisión de 2024 encontró que los adultos mayores representan apenas el 1.4% de todos los participantes en estudios modernos de psicodélicos. Es una brecha llamativa, justo en el grupo que más podría beneficiarse de compuestos asociados a la plasticidad cerebral.
PLASTICITY: el primer estudio de su tipo
Para cerrar esa brecha, el Centro para la Ciencia de los Psicodélicos de UC Berkeley lanzó este año PLASTICITY (Psychedelic Longitudinal Aging Study In Cognitively Healthy Older Adults), el primer estudio de neuroimagen psicodélica enfocado específicamente en adultos sanos de entre 60 y 85 años.
El equipo es deliberadamente interdisciplinario: lo encabeza el doctorando Tyler Toueg junto a Michael Silver (neurociencia visual), William Jagust (especialista en envejecimiento cerebral y Alzheimer), Dacher Keltner (investigador de la emoción y el asombro) y el psiquiatra Brian Anderson, director médico del ensayo. Esa combinación no es casual: el estudio busca tocar memoria, percepción visual, regulación emocional y conexión social a la vez, no solo un mecanismo aislado.
Cada participante recibe entre 1 y 30 mg de psilocibina sintética. Se toma una evaluación de base antes de la sesión, y se repite a la semana y al mes para rastrear cambios. Las mediciones combinan pruebas cognitivas, perceptuales y emocionales con resonancia magnética avanzada: difusión por MRI para observar la microestructura del hipocampo —la región clave para la memoria— y MRI funcional para ver qué ocurre en el cerebro durante la codificación y recuperación de recuerdos. El equipo también está midiendo si la experiencia genera aumentos sostenidos en la actividad del nervio vago durante emociones como el asombro, un posible mecanismo, ya que esa actividad vagal se asocia con una mejor recuperación frente al estrés.
La hipótesis de fondo viene de estudios en animales, donde la psilocibina aumenta las conexiones sinápticas en el hipocampo y la corteza prefrontal. Según explica Tyler Toueg, hay una notable superposición entre los estados mentales que los psicodélicos parecen influir —asombro, conexión, apertura emocional— y los que la literatura científica asocia con un envejecimiento exitoso. Michael Silver lo plantea como la pregunta central del ensayo: si esos hallazgos prometedores en modelos animales realmente se replican en cerebros humanos que ya llevan seis u ocho décadas de vida.
Desde Cosecharte: nuestros hongos aliados, sin necesidad de viaje psicodélico
La psilocibina es apenas una de las miles de moléculas que produce el reino fungi, y la inmensa mayoría de ellas no son psicoactivas. En Cosecharte trabajamos justamente con esas: hongos funcionales que apuntan a mecanismos hermanados a los que este estudio investiga, pero por vías no psicodélicas, de uso cotidiano y acumulativo.
Melena de León (Hericium erinaceus) es el único hongo conocido capaz de estimular el Factor de Crecimiento Nervioso (NGF) y el BDNF, las mismas familias de proteínas que sostienen la neuroplasticidad que el equipo de Berkeley busca activar con psilocibina. Sin resonancia magnética de por medio, la lógica de fondo es parecida: ayudar a que las neuronas sigan formando y reforzando conexiones a medida que pasan los años, en lugar de perderlas.
Reishi (Ganoderma lucidum) trabaja sobre el otro eje que explora el estudio: la regulación emocional y la respuesta al estrés. Sus triterpenos actúan sobre el eje HPA y los niveles de cortisol, acompañando al cuerpo a salir del estrés crónico no apagando la respuesta de golpe, sino equilibrándola con el tiempo —un aliado natural para sostener calma y resiliencia emocional, justo el terreno donde Berkeley está midiendo el rol del nervio vago.
Cordyceps militaris entra por el lado de la energía: ¿de dónde sale el combustible para que un cerebro pueda regenerarse y formar nuevas conexiones? Su cordycepina mejora la producción de ATP y el uso celular del oxígeno, dándole al cuerpo el sustento sostenido que necesita para que todo ese trabajo de plasticidad sea posible.
Para empezar hoy
No hace falta una clínica de investigación ni una dosis de psilocibina para empezar a cuidar la plasticidad del cerebro. Incorporar hongos funcionales a la rutina diaria —un café con Melena de León por la mañana, Reishi antes de dormir, Cordyceps en días de alta demanda física o mental— es un paso simple, accesible y respaldado por la ciencia que ya tenemos disponible hoy, mientras estudios como PLASTICITY siguen explorando fronteras nuevas.
Nota: esta información es educativa y no reemplaza un tratamiento médico. Si tenés alguna condición preexistente o estás en tratamiento, consultá con un profesional de salud antes de incorporar suplementos.
Fuente: Berkeley News (UC Berkeley), "Tripping into old age: can psychedelics protect the aging brain?", por Kara Manke, 8 de junio de 2026. Leer la nota completa
Imagen: cortesía de Brandon Sánchez Mejia / UC Berkeley — crédito requerido al publicar. Ver imagen original